Hola, mi nombre es Melila Quintero Santos, directora del Consultorio Jurídico y Centro de Conciliación de la Universidad del Magdalena, y hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre la vulnerabilidad.
A veces se piensa que la vulnerabilidad es una condición que le pasa a otros: a la persona que llega sin saber leer un documento legal, a quien no tiene con qué pagar un abogado, quien ha sido víctima de violencia. Pero reconocer que la vulnerabilidad nos atraviesa a todos, influidos, a ustedes como estudiantes, a nosotros como docentes y a cualquier persona con poder o conocimiento, cambia la forma de acompañar el Consultorio Jurídico del Centro de Conciliación.
No es solo un requisito académico que hay que cumplir antes de graduarse. Es el lugar donde el derecho deja de ser un conjunto de artículos memorizados y se convierte en algo que transforma vidas reales.
Aquí no hay casos hipotéticos de manual, hay personas con nombre, con historia y con una necesidad urgente de justicia. Ustedes son muchas veces la primera cara del sistema judicial que esas personas conocen, eso es una responsabilidad, pero también es un privilegio enorme.
Sé que este camino no es fácil, van a enfrentar casos que los van a desbordar, van a tener dudas sobre si lo que están haciendo es correcto, van a cometer errores porque así se aprende de verdad, no en la teoría, sino en el ejercicio real de acompañar a alguien y quiero decirles algo con total honestidad: eso está bien.
El error, cuando se revisa y se corrige con rigor, es parte del proceso formativo. Este consultorio ha demostrado una y otra vez que estudiantes como ustedes pueden lograr cosas grandes, fallos que beneficien a miles de personas, litigios estratégicos que llegan a instancias internacionales, acompañamientos que le devuelven la dignidad a quien la había perdido.
Eso no lo logran solo los docentes de la institución, lo lograron ustedes con su trabajo diario, muchas veces silencioso, muchas veces no reconocido.
Así que hoy les digo: siéntanse orgullosos de estar aquí. No están simplemente cumpliendo un requisito para graduarse, se están formando como los abogados y las abogadas que este territorio necesita: personas técnicamente sólidas, éticamente firmes y profundamente humanas.
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